TRISTANIA
Tenía forma de pájaro. Aunque era pequeña, la sombra de sus alas se proyectaba hasta los rincones más recónditos de la Tierra. Deambulaba silenciosamente de acá para allá, hacia sus innumerables destinos, y en cada uno de ellos, dejaba impresa su huella indeleble. A veces, buscaba un refugio dónde cobijarse de las furiosas tormentas que aparecían en su camino. Los corazones en los que anidaba se sentían acompañados, preferían su dulce presencia a la descarnada soledad que habitualmente les habitaba.
Los corazones favoritos de Tristania eran los que acuñaban en su latir la herida del desamor, una cruenta llaga cuya sangre empapaba sus entrañas y se ramificaba por sus extremidades, despojándolos de la alegría de vivir. Allí se acomodaba por largas temporadas. Casi siempre la acompañaba su fiel compañera, Nostalgia, y juntas recordaban cómo había sido aquel amor, cuál era el color de sus ojos, el sabor de sus besos, la cadencia de sus pasos, y al compás del latido del rojo reloj, rememoraban cada olor, cada caricia, cada recuerdo.
Tristania nunca tenía prisa por irse, sabía que su presencia, tarde o temprano, sanaría los corazones heridos. También sabía que, un buen día hasta los pájaros más tristes cantarían.
Ana Robles
Del libro "Materia Viva" Editorial Palabras al Límite, Abril 2026.
Ocho autoras liberando la voz.
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